Fundación

Arantzazu es desde hace más de 500 años un Santuario cuidado por los Franciscanos. Se ubica en el Parque Natural Aizkorri-Aratz, en el corazón de Euskal Herria y en el municipio guipuzcoano de Oñati. Es un referente para la fe del pueblo y de los peregrinos. Guarda en su seno una parte sensible del alma vasca y de su historia. Arantzazu ha sido enraizamiento en la cultura y la lengua vasca, amor a la naturaleza, sobriedad y respeto supremo por el valor de la persona.

Una panorámica general

Arantzazu se ha fraguado en un marco natural irrepetible, en torno a los principios inspiradores del franciscanismo y en adaptación constante a las transformaciones socio-culturales de cada etapa sin perder su identidad. De este modo, además de en referente religioso, Arantzazu se ha constituido en una referencia de espiritualidad, cultura, arte, naturaleza, ética, diálogo y paz. Tal vez por todo ello, Arantzazu ha sido en distintas etapas de su historia un manantial de creación artística, cultural, de pensamiento y principios para la sociedad.

Este ha sido el esfuerzo y el resultado del trabajo de la Comunidad Franciscana en Arantzazu durante cinco siglos. En 2008, la Diputación Foral de Gipuzkoa, el Ayuntamiento de Oñati, el grupo Mondragón y Kutxa, nos unimos a los franciscanos en este empeño de recreación permanente de este Santuario y creamos la Fundación Arantzazu Gaur para el impulso, renovación y promoción de Arantzazu. Es decir, para cuidar este manantial de humanismo que es patrimonio de todos y todas. Cuatro argumentos resumen esta decisión.

  • Arantzazu es huella afectiva

Arantzazu es testimonio actualizado de cinco siglos, concretado en el corazón de nuestro pueblo y en nuestros antecesores. Pero no es un vestigio del pasado, respira y se mueve. Arantzazu es historia viva y actual que se nos ofrece para disfrutarla y para que su continuidad no se rompa. Sigue invitándonos a una relación personal de nuestra sensibilidad con sus valores.

  • Arantzazu es emoción

En Arantzazu, las palabras sobran. Invita a mirar, escuchar, sentir, pasear, mezclarnos con los apóstoles de Oteiza, descender a la Basílica, ascender por su ábside, visitar la Cripta o el edificio del Misterio... Si el visitante se deja tocar por su lenguaje, Arantzazu es emoción que despierta lo mejor del ser humano.

  • Arantzazu es referencia

Arantzazu es diálogo, solidaridad, naturaleza, música, literatura, arte, cultura, convivencia, ética, paz, espiritualidad... En un mundo que otorga la primacía de todo a los valores más materialistas e individualistas, Arantzazu es un contrapeso humanista. Es un referente cuando se pierden las referencias.

  • Arantzazu es experiencia

Las causas comunitarias, la naturaleza, la cultura, el humanismo, la paz, la espiritualidad, la fe... son búsquedas humanas de sentido que tienen un espacio de acogida en Arantzazu. Arantzazu nos recuerda que podemos buscar más allá de nosotros/as mismos/as y nos brinda una experiencia de búsqueda que acoge, respetando la pluralidad de sensibilidades.

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