basílica

Eduardo Chillida nació en San Sebastián el 10 de enero de 1924. Está considerado como uno de los más importantes escultores del siglo XX. Desde que se diera a conocer en la escena internacional en los años 50, su obra ha quedado representada en los principales museos y colecciones de arte de Europa y Estados Unidos y más de 40 esculturas suyas están repartidas por distintas ciudades del mundo. Recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1987.

En 1943 se trasladó a Madrid para comenzar la carrera de arquitectura. Cuatro años más tarde abandonó la facultad para dedicarse exclusivamente al dibujo y la escultura. En 1948, buscando un ambiente creativo más propicio al que se vivía en la España franquista, se instaló en París, donde conoció de primera mano la obra de artistas como Picasso o Brancusi. En esta etapa sus esculturas aún estaban influenciadas por la tradición figurativa. Cuando en 1951 regresó al País Vasco, comenzó a trabajar en la fragua de Manuel Illarramendi. En ese contexto realizó la obra, Ilarik, que supuso un antes y un después en su trayectoria artística. Ésta fue su primera escultura abstracta.

A lo largo de sus más de cincuenta años de trayectoria Chillida exploró conceptos como el vacío y el volumen, la luz y la sombra y el límite y la infinitud. El material del que estaban hechos sus trabajos (hierro, piedra, acero, hormigón, etc.) no fue para él un fin en sí mismo. Como tampoco lo fueron las formas que utilizó. Más allá de la materia y la forma, lo que quiso expresar a través de sus obras fue una concepción ética, mística y trascendental de la existencia.

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